Ensayos realizados en cuatro regiones productivas del país han demostrado que es posible lograr aumentos de rendimiento de hasta 465 kilos por hectárea en el cultivo de trigo. Esta mejora se ha conseguido a través de una innovadora estrategia que combina nutrición y bioestimulación en una única aplicación.
Las evaluaciones se llevaron a cabo en localidades como 9 de Julio, Venado Tuerto, Rojas y San Pedro. En todos los casos, los tratamientos aplicados superaron tanto al control sin aplicación como a una alternativa convencional de zinc foliar. Este avance se enmarca dentro de los esfuerzos por lograr una mayor eficiencia en el uso de recursos en la agricultura moderna.
La tecnología desarrollada por Rizobacter, conocida como Rizopower, busca optimizar la capacidad de las plantas para aprovechar los nutrientes y apoyar sus procesos fisiológicos durante etapas críticas para la formación del rendimiento. En cada sitio evaluado, el tratamiento no solo demostró superioridad, sino que también destacó frente a las fuentes convencionales de zinc foliar.
Rizobacter ha introducido el concepto de “foliares inteligentes”, que son formulaciones diseñadas para integrar nutrición y bioestimulación, tradicionalmente utilizadas de manera separada. Alejandro Sartori, jefe de Nutrición y Bioestimulación de la compañía, explicó que “la innovación no estuvo en sumar un nutriente o un bioestimulante más, sino en integrarlos de manera inteligente”.
La plataforma Rizopower inicia con dos formulaciones: Rizopower Z, orientada a gramíneas, que combina Nanozinc y un bioestimulante organomineral, y Rizopower B, que mezcla Nanoboro con bioestimulación organomineral, enfocándose en cultivos donde el boro es crucial para procesos como la floración y la construcción del rendimiento.
Además, se subrayó que la nutrición del cultivo no solo depende de la cantidad de nutrientes, sino también de la eficiencia con la que estos son aprovechados y de las condiciones fisiológicas de la planta en el momento de la aplicación. La plataforma prevé incorporar nuevas formulaciones que optimicen el uso de nitrógeno y soluciones con microorganismos vivos, extendiendo así el concepto de integración entre nutrición y bioestimulación a una variedad de cultivos y momentos del ciclo agrícola.
Fuente: La Nación



