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Florentino Ameghino
4 abril 2026, 10:13 am

Malvinas: en la línea de combate, la misión del Grupo de Artillería 101.

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El despliegue, combate y regreso de los soldados en Puerto Argentino, entre ellos Miguel Potes, ex combatiente de Ameghino, protagonista de esta historia.

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De los cuarteles del Grupo de Artillería 101 de Junín partieron el 16 de abril tres oficiales, tres suboficiales, entre ellos dos jefes de pieza y un mecánico artillero, 21 soldados -de los cuales 20 se desempeñarían como sirvientes de pieza- y un conductor.
Las dos piezas designadas fueron de la Batería de Tiro C. Se determinó que los soldados que irían primero serían los de mayor experiencia, es decir, aquellos reincorporados de la clase ‘ 62. Serían seleccionados 26 integrantes de esta unidad para cruzar a Malvinas:

Teniente: Eufronio Ramón Alvárez (quien pertenecía a la Agrupación Defensa Aérea 601, fue agregado al Grupo de Artillería 101 el 5 de mayo de 1982 como observador adelantado, junto con otro oficial, el teniente primero Carlos Mendietta)

Subteniente Gustavo Federico Pérez, como jefe de sección piezas.
Sargento ayudante Segundo Ramón Garnica, como mecánico de artillería.
Soldado clase ´62 Héctor Ricardo López (conductor)

La primera pieza de artillería que cruzaría estaría integrada por el siguiente personal:
Cabo Juan Manuel Figueroa, como jefe de pieza.
Los sirvientes de pieza fueron los siguientes soldados clase ´62: Carlos Daniel Aguilera, Miguel Angel Benítez, Sergio Javier Brangeri, Sergio Luis Fanín, Walter Ferrer, Miguel Angel Potes (ex combatiente de Ameghino), Luján Sandoval, Aroldo Saralegui, Carlos Oscar Tempio, Rafael Veloso.

La segunda en cruzar sería la siguiente:

Cabo 1ro.: Omar Alberto Liborio, como jefe de pieza.

Los sirvientes de pieza fueron los siguientes soldados clase ´62: Julio César Báez, Gabriel Cepeda, Walter Patricio Gómez, Santiago Hernández, Alberto Hidalgo, Aldo Darío López, Juan Lucero, Oscar Marano, Carlos Adrián Polo, Raúl Wuldrich.

Al momento de iniciar el largo viaje hacia el sur no serían los únicos. El cuartel contaba con un perro de raza indefinida, de pelo corto, criado un poco por todos. Como no se les separaba ni un segundo decidieron llevarlo, de contrabando. El responsable fue el cabo primero Omar Liborio.
Al animal lo llamaron Tom, por Teatro de Operaciones Malvinas. De ahí en más, fue un soldado movilizado más.

Con él fueron en tren hasta San Antonio Oeste, luego en camión hasta Comandante Piedrabuena. Los soldados se turnaban para ocultarlo y Wuldrich fue uno de ellos. Nadie se percató hasta que abordaron el Hércules que los llevaría a las islas.

El 11 de mayo recibieron la orden de cruzar. Entre el 13 y 14 de mayo volaron hacia las islas en dos aviones Hércules, llevaron dos de las seis piezas de artillería, dos cañones Sofma de 155 mm, de 20 kilómetros de alcance y de 8.500 kilos cada uno (se trataba de piezas Sofma 155 mm que se destacaban por su alcance de hasta 20-24 km, un peso de 8200 kg en orden de marcha y una cadencia de 4 disparos por minuto, ideales para apoyo de fuego). Estos dos cañones con su dotación se incorporarían al sistema de apoyo de fuego del Grupo de Artillería 3.

La pieza a cargo de Omar Liborio no había sido designada pero él insistió en cruzar, hasta que lo autorizaron. Liborio habló con los soldados afectados a esa pieza, que podían quedarse si así lo deseaban. “Si usted va, nosotros también”, fue la respuesta de los soldados.

La llegada el día 14 al aeropuerto de Puerto Argentino fue durante un bombardeo inglés. En medio de las explosiones, los gritos, las esquirlas que volaban, descargaron la pieza. El día anterior, a las cuatro y media de la tarde había llegado el cañón que estaba a cargo del cabo Figueroa.

20 kilómetros era el alcance máximo de estos cañones Sofma 155 mm. De día se usaba como artillería terrestre y de noche mantenía a prudencia distancia a los buques británicos, cuya tripulación se asombraba de su acertada puntería
20 kilómetros era el alcance máximo de estos cañones Sofma 155 mm. De día se usaba como artillería terrestre y de noche mantenía a prudencia distancia a los buques británicos, cuya tripulación se asombraba de su acertada puntería

Se ubicaron sobre la ladera sur de Sapper Hill. El primer disparo se realizó la noche del 14 de mayo a una distancia de 17 kilómetros. Ideado para el combate terrestre, de noche se lo usó como improvisada artillería de costa: el desafío era el de apuntarle a las fragatas inglesas que cuando oscurecía bombardeaban las posiciones argentinas.

Esa primera vez se efectuaron tres disparos a la bahía de Eliza Cove, al sur de Puerto Argentino, hacia buques británicos. El primer quedó largo, el segundo corto y el tercero muy cerca del blanco.

De día disparaban hacia las posiciones inglesas en tierra de acuerdo a lo que marcaban los observadores adelantados. Los propios soldados llamaban a estos cañones “el Gran Berta”, en recuerdo de aquella gigantesca pieza de la Primera Guerra Mundial. El tremendo estruendo que provocaban cuando eran disparados levantaban la moral de la tropa.

Cerca del cañón, en un pozo, se guardaban los proyectiles. Las cajas de pólvora junto a las espoletas estaban detrás de la pieza. Los soldados habían cavado sus pozos de zorro en los alrededores.

La efectividad de sus servidores hizo que estos dos cañones fueran buscados por los británicos desde el primer día.

A los cuatro o cinco días de combate, ya habían aprendido cuando un proyectil enemigo -de acuerdo a su zumbido- pasaba de largo o caía cerca. El primero en percibir un ataque inglés era Tom, que a esa altura tenía un abrigo hecho con un pasamontaña y hasta un casco improvisado con una lata de conserva. Se quedaba ladrando a la entrada del refugio, al que entraba cuando ya lo habían hecho todos los soldados y se tiraba encima de cualquiera de ellos.

Arriba, el primero de izq a der es Miguel Potes, saliendo del Regimiento en Junin rumbo al sur argentino.
Arriba, el primero de izq a der es Miguel Potes, saliendo del Regimiento en Junin rumbo al sur argentino.

El entonces teniente coronel Martín Balza le pasaba al teniente primero Luis Daffunchio los datos de tiro, y este al subteniente Alberto Corvalán, un rosarino de 22 años. La noche del 17 de mayo, cuando Corvalán esperaba los datos del alza, se cortó la comunicación y salió a buscar el dato. En ese momento, cayeron una decena de bombas en un radio de unos quince metros. Fue el infierno. Quedó herido en un pie. Fue el dragoneante Adrián Polo el que corrió a buscar una ambulancia, lo llevaron al hospital de Puerto Argentino y luego fue derivado al Bahía Paraíso, donde el 8 de junio llegó al continente por la infección en la herida.

En la noche del 11 de junio, durante el ataque naval enemigo una esquirla prendió fuego un cajón de pólvora. Todos estaban refugiados en los pozos de zorro y de un impulso Wuldrich, cubierto con una manta, salió. Daffunchio quiso pararlo, le gritó, pero fue imposible. Tomó los cajones que se estaban incendiando y los arrojó a una cuneta inundada. Había salvado a sus compañeros.

Fue severamente reprendido. “Es que si no lo hacía, volábamos”, se justificó. Por esa acción, obtuvo la medalla al Valor en Combate.

Fueron días de frío, sueño, agotamiento, de conseguir comida de donde se pudiera y hasta llegaron a tomar agua de los charcos que se formaban.

En Malvinas. Arriba, el primero de der. a izq. es Miguel Potes.
En Malvinas. Arriba, el primero de der. a izq. es Miguel Potes.

El 12 de junio fueron atacados por un Sea Harrier. Sorpresivamente los ingleses aparecieron por el noreste, como nunca lo habían hecho, descargando sus bombas y ametrallando la posición de los artilleros. Recuerda que los soldados le vaciaron sus cargadores de FAL y que del otro lado del cerro se escuchaban los sapucai de los correntinos. Describió cómo la máquina se largó en picada, todos echados cuerpo a tierra, hiriendo a cinco soldados y a Liborio. La sacaron barata: un avión tiró una beluga que no explotó.

El perro Tom, que ladraba desde una piedra, fue severamente herido por una esquirla y debieron sacrificarlo, difícil tarea que le cupo a un hombre de otra unidad.

Muchos de los disparos del avión afectaron al cañón, y quedó fuera de combate. Esa noche, por precaución, durmieron adentro de los tubos de desagüe que cruzan los caminos. Al día siguiente tiraron con el otro cañón que no había resultado afectado, hasta agotar munición.

A las 9 de la mañana del 14 de junio recibieron la orden de alto el fuego. Fueron a Puerto Argentino donde los alojaron en galpones. Con lo puesto llegaron a Puerto Madryn en el Canberra, luego en un Boeing 747 volaron hacia al El Palomar, donde estuvieron dos días en observación. Después, el regreso a Junín: la baja en la oscuridad de la noche y en el más absoluto silencio del olvido.

Fuente: Infaboe y www.juninhistoria.com

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