El crecimiento de la superficie afectada por malezas representa un desafío significativo para la agricultura, que requiere una estrategia integral más allá del uso de herbicidas. Según un reciente informe de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la prevención de la entrada de nuevas semillas o inóculos en los lotes es fundamental para mitigar este riesgo.
El informe destaca que la cosechadora puede ser un vehículo de dispersión de malezas y enfermedades, ya que durante su operación, semillas y restos vegetales pueden quedar atrapados en diversas partes de la maquinaria. Esto sucede en elementos como la plataforma, los ejes y los neumáticos, y posteriormente se liberan en otros campos, intensificando el problema de infestación.
Este fenómeno se vuelve más crítico cuando las cosechadoras operan de manera continua entre diferentes campos. El movimiento frecuente de maquinaria agrícola no solo facilita la dispersión de especies ya presentes, sino que también puede introducir nuevas biotipos, incluyendo aquellos resistentes a herbicidas. Un caso notable mencionado es el avance de Amaranthus palmeri, cuya aparición en el país ha sido vinculada al uso de maquinaria contaminada.
Para abordar esta situación, Aapresid propone una serie de acciones que incluyen la limpieza exhaustiva de las cosechadoras. Implementar protocolos básicos de limpieza puede ser una solución económica y efectiva para reducir el riesgo de dispersión. Las recomendaciones incluyen el uso de aire a presión para limpiar toda la máquina, prestar especial atención a las zonas donde se acumula material, y realizar la limpieza en un área designada donde las semillas puedan ser contenidas.
Si ya han proliferado las malezas, el enfoque debe cambiar a limitar su movimiento y reducir la cantidad de semillas en el banco. Aapresid sugiere prácticas como cosechar primero los lotes más limpios y evitar trasladar maquinaria sin limpieza previa, lo que puede ayudar a disminuir la dispersión interna.
Adicionalmente, el informe señala que a nivel internacional se están desarrollando tecnologías específicas, como los destructores de semillas incorporados a las cosechadoras, que pueden destruir gran parte de las semillas recolectadas, impidiendo su retorno al lote. Aunque en el país se han realizado pruebas con estos sistemas, su adopción comercial aún está en una fase incipiente.
Fuente: La Nación



