En los últimos años, el agro argentino ha visto un notable crecimiento en la adopción de cultivos de colza, cártamo y camelina, alcanzando en 2026 una superficie de 160.000 hectáreas certificadas. Esta expansión se enmarca dentro de un programa impulsado por Bunge, diseñado para intensificar el uso del suelo y generar nuevos ingresos para los productores, mientras se responde a la creciente demanda internacional de materias primas más sostenibles.
Durante el Congreso de Aapresid, se abordaron las experiencias y beneficios de estos cultivos de invierno, que no solo mejoran la salud del suelo, sino que también permiten diversificar los sistemas productivos. Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge Argentina, enfatizó que para lograr una transformación productiva, es esencial trabajar en conjunto con los productores, quienes asumen el riesgo y la inversión.
La propuesta de Bunge incluye un enfoque en la descarbonización de la producción agropecuaria y la transición energética, reconociendo el papel clave de la agricultura como fuente de materias primas para biocombustibles. Bassi destacó el auge del Sustainable Aviation Fuel (SAF), que está generando una creciente demanda de aceites con menor huella de carbono.
Los productores han comenzado a integrar el cártamo en sus rotaciones, un cultivo que ha ganado popularidad tras las sequías que afectaron otras cosechas. Miguel Kolar, asesor técnico de Agro Cotton Grupo Linke, compartió que han sembrado 15.000 hectáreas de cártamo, lo que resalta su importancia en el modelo productivo actual.
La colza también ha mostrado resultados positivos, con rendimientos de hasta 30 quintales por hectárea, según Matías Taravella de Jakas SA. Este cultivo mejora la estructura del suelo y favorece la infiltración de agua, contribuyendo a un sistema agrícola más intensivo.
En el sudeste bonaerense, el agrónomo Pablo Calviño presentó los beneficios de la camelina y colza, destacando que estos cultivos permiten mantener la producción durante períodos tradicionalmente improductivos. La soja de segunda sembrada sobre camelina ha logrado rindes comparables a las de primera, lo que representa una ventaja significativa para los agricultores.
La conclusión general entre los productores y especialistas es clara: la incorporación de colza, cártamo y camelina se ha convertido en una herramienta crucial para aumentar la sustentabilidad y abrir nuevas oportunidades comerciales en el sector agrícola argentino.
Fuente: La Nación



