El frío extremo del Canal de Beagle es el escenario de una notable hazaña agropecuaria llevada a cabo por Nelson Ginter, un productor de huevos de color azul, que junto a su esposa María Alejandra Pirchio, enfrentan cada día los desafíos del invierno patagónico.
En este rincón austral, Ginter se encarga de 115 gallinas ponedoras, las cuales se distribuyen entre su hogar y un lote en Punta Paraná. Este matrimonio ha convertido lo que comenzó como un pasatiempo en un eslabón clave para la alta cocina fueguina.
Un Camino de Vuelta al Sur
Originario de la llanura pampeana, Ginter se trasladó a Tierra del Fuego en 1989. Tras trabajar en la compañía estatal Entel y pasar por Telefónica, decidió regresar a Ushuaia en 2011, donde comenzó a criar gallinas ponedoras como un hobby que rápidamente se transformó en una actividad productiva.
El productor recuerda sus inicios en la avicultura a principios de los años noventa, cuando comenzó con gallinas comunes y luego se asoció con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para mejorar su producción. A través de esta colaboración, Ginter logró incrementar su número de aves significativamente, aunque los cambios urbanos han limitado su capacidad productiva en la actualidad.
Desafíos del Clima Patagónico
Produciendo alimentos en un clima tan riguroso, Ginter ha desarrollado una logística compleja. Durante el verano, traslada las gallinas a Punta Paraná, donde disfrutan de la libertad. Sin embargo, el invierno presenta un panorama hostil que complica el cuidado de las aves.
La falta de infraestructura térmica en su campo provoca que los huevos se congelen. “Si los dejás más de un día, se rompen y no sirven”, explicó. Para mantener la producción, Ginter mueve sus aves a Ushuaia durante el invierno, donde reciben cuidados constantes y luz artificial.
Genética y Calidad en la Producción
El éxito de Ginter en la producción de huevos de colores únicos se debe a la genética desarrollada por el INTA, que ha adaptado gallinas para sobrevivir en climas fríos. Gracias a esta cría, el productor puede obtener huevos azulados, un rasgo distintivo de algunas de sus aves.
A pesar de las dificultades económicas, como el alto costo de los alimentos, la calidad de los productos de Ginter es muy valorada. Actualmente, comercializa alrededor de 22 maples por semana, principalmente a restaurantes de alta gama, como Kalma Restó y Crujiente, que destacan por utilizar sus huevos en platos premiados.
Fuente: La Nación



