La reciente finalización de la siembra de cultivos de fina ha dejado atrás desafíos como encharcamientos y precipitaciones, y ahora la atención se dirige hacia la próxima campaña de gruesa, donde el girasol promete destacar. Con los precios actuales, la tendencia se mantiene firme: el girasol y el maíz ganan terreno frente a la soja de primera.
Los lotes cuentan con una óptima disponibilidad hídrica y se prevén lluvias favorables, lo que genera expectativas positivas en los márgenes de rentabilidad, que podrían ser muy alentadores. En el sudeste bonaerense, la heterogeneidad de los suelos presenta un reto y una oportunidad; los suelos someros, con menor capacidad de almacenaje hídrico, contrastan con los campos profundos, más amigables con la agricultura.
La diferencia en costos de producción entre estos suelos se traduce en variaciones en los alquileres y en las estrategias de cultivo. En los campos someros, se adopta un enfoque más conservador, con menor fertilización y densidad de siembra, buscando que los cultivos atraviesen su período crítico de manera eficiente.
El conflicto actual en los puertos, que ha llevado a pérdidas de US$4,5 millones diarios, afecta al sector agrícola, aunque las proyecciones para el girasol y el maíz siguen siendo prometedoras. Con expectativas de rentas que superan el 15% y precios que rondan los US$400 para el girasol y US$195 para el maíz, ambos cultivos se consolidan como los más destacados de la campaña.
El girasol, en particular, se elige por su superficie sembrada y su ciclo financiero atractivo, además de ser el mejor antecesor para cultivos de fina. Sin embargo, enfrenta un reto significativo: el hongo Diaporthe/Phomopsis helianthi, causante del cancro del tallo, que se ha vuelto un problema recurrente en años húmedos, sobreviviendo en el rastrojo y diseminándose por el viento.
El manejo de la densidad de plantas es crucial, ya que un exceso puede crear un microclima propenso a enfermedades. La fertilización nitrogenada también debe ser controlada para evitar un canopeo excesivo que favorezca la enfermedad. El monitoreo y la gestión de plagas son esenciales para mantener la densidad adecuada, y se recomienda comenzar con un lote limpio para una mejor implantación.
En cuanto a la siembra, es fundamental considerar la temperatura del suelo; sembrar tempranamente con temperaturas por debajo de los 8 a 10 grados centígrados puede resultar en una germinación desigual. Las fechas de siembra deben alinearse con el período crítico del cultivo, buscando evitar enero en suelos someros y posicionando la siembra a finales de noviembre, mientras que en suelos de alto potencial, se sugiere a mediados de octubre.
Los semilleros están avanzando en el desarrollo de variedades resistentes a phomopsis, y la colaboración con la Red de Girasol y extensionistas locales está proporcionando datos valiosos para optimizar la producción.
Fuente: La Nación



